domingo, 26 de diciembre de 2010

Rilke tiene razón

Nadie debería juzgarnos salvo nosotros mismos.

Dejáis de ser unos locos soñadores que tocan en un garaje infestado de cucarachas para convertiros en unos genios cuando un crítico o una discográfica decide que lo sois.
Y de esos tipos con de traje y corbata depende vuestra autoestima y fama.

Ese es el concepto equivocado. Nosotros deberíamos ser nuestros propios jueces.

Cuando estás tocando una mierda de canción, te das cuenta.
Si tienes un mal día, la primera persona que lo tiene claro eres tú.
…y si estás creando una obra maestra, lo sabes antes que nadie.

Sin embargo, sin ese sufrimiento y lucha no puede haber música.
Toma las cosas negativas y échatelas a la espalda, haz que te enriquezcan.
Si no te hubiesen rechazado mil veces antes de conseguirlo, no habría nada que te inspirase para crear.

¿Que no hay manera de que eso pueda enriquecerte?
Está bien; compón una canción, pinta un cuadro o escribe un poema sobre lo mal que te sientes (eso sí, sin pasarse, la tristeza continua o en grandes cantidades resulta terriblemente aburrida). Además de salirte una obra cojonuda, hacerlo te ayudará a afrontar tu miedo.

El Rock cuenta historias. Historias de caídas y superación, de velocidad, de no ser aceptado. Historias sobre lo bien te sentías tomando una cerveza mientras tocabas con tus colegas en ese garaje lleno de cucarachas.

                                          Son vivencias. Así es la Música.

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